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Archive for the ‘Europa’ Category

De las espadas a los hechizos

2 de septiembre de 2012 Deja un comentario


Nos encontramos en la ciudad de Edimburgo, capital de Escocia. La belleza medieval que rezuma deja extasiados a los sentidos, y sólo es equiparable a la belleza natural del verdor de su suelo; un verde que duele a la vista.

Es una ciudad monumental y muy delicada, demasiado quizás para la latitud en la que se encuentra, donde ya muchos esperan toscas cabañas de madera en pueblos de recia arquitectura, más preocupados por resguardarse de las inclemencias que por la belleza de las fachadas. Nada más lejos de la realidad: Edimburgo sabe ser delicada también.  Prueba de ello es su monumentalidad repleta de detalles; desde la torre en honor al escritor Walter Scott, de estilo gótico, que se alza como una llama tenebrosa hacia el cielo, al monumento al filósofo Dugald Stewart, sacado de la Grecia clásica y dominando Calton Hill. Pasando, claro está, por el Edinburgh Castle, una magnífica fortaleza situada sobre una roca volcánica. No podemos dejar de lado la universidad, así como todo el casco antiguo, que es una joya arquitectónica.

No muy lejos de la capital se encuentra Glasgow, una ciudad netamente industrial y archifamosa por sus dos equipos de fútbol principales: los Celtic, y los Rangers.

Pero no es el bullicio de la gente lo que buscamos en nuestra visita a Escocia, sino más bien los paisajes de las West Highlands, que nos brindan decenas de kilómetros cuadrados a nuestro alrededor de la más pura naturaleza indómita. Es esa vegetación que aúna colores verdosos con otros más pardos y rojizos, son esas rocas, esos escarpados acantilados, esas grietas del terreno. Cicatrices que parecen hundirse en la tierra para rememorar las que cubrieron los cuerpos de los siempre valerosos e idealistas escoceses que lucharon por su independencia de la Inglaterra de Eduardo I, liderados por William Wallace allá por el siglo XIII.

Una buena forma de conocer estas salvajes tierras, es siguiendo el West Highland Way, un sendero de unos ciento cincuenta kilómetros que conecta el norte de Glasgow con las mayores elevaciones de Escocia, incluido el pico más alto, el Ben Nevis.

Algo más al norte del Ben Nevis se encuentra la que de seguro es una de las masas de agua con más leyendas en su haber. El Loch Ness. Y no sólo vive de las rentas de su famosa bestia, Nessie, cuya repercusión en la cultura popular ha sido innegable y ha generado cientos de teorías y especulaciones, así como bastante merchandising. Las orillas del lago tuvieron un habitante muy peculiar a principios del siglo XX. En la mansión de Boleskine House, entre los años 1899 y 1913 habitó el ocultista Aleister Crowley.

Crowley se inició en la Orden Hermética del Alba Dorada, una hermandad  de magia y esoterismo que bebe de las fuentes de la alquimia y el rosacrucismo, donde pronto escaló posiciones. Más tarde fue expulsado y fue co-fundador de la Astrum Argentum, para finalmente liderar la Ordo Templi Orientis.

En 1904, durante su estancia en El Cairo junto a su mujer, dijo haber contactado con un espíritu mientras invocaba al dios egipcio Horus. Dicha entidad le transmitió durante tres días ciertos conocimientos, que Aleister plasmó en El Libro de la Ley, el libro sagrado de su posterior filosofía espiritual Thelema. Habla del advenimiento de una nueva era, el Eón de Horus, en el que la humanidad trascenderá a unos designios superiores, a la ‘True Will’. La existencia de las personas tendrá una finalidad colectiva superior, más allá de los deseos individuales.

El ocultista habitó la Boleskine House por ser ideal, según él, para obtener el aislamiento necesario para sus invocaciones -lograr los conocimientos de otra deidad-, y por tener una orientación perfecta hacia el punto de mayor energía mágica del Eón de Horus, algo así como la analogía a rezar un musulmán mirando hacia La Meca. Se habla entonces de la ‘Kiblah de Thelema’.

El guitarrista de Led Zeppelin, Jimmy Page, es un gran admirador de Aleister Crowley, y compró la mansión en los años 70, grabando allí música para uno de los discos del grupo. Hoy día, Boleskine House es considerada una ‘casa encantada’ por muchos, y no es para menos dado su historial.

Somos testigos de cómo Escocia puede aunar lo agreste del paisaje y la aspereza de su clima, con algunos de los aspectos más espirituales e indirectos de la existencia. De la espada y fuerza del libertador William Wallace, a los rituales espiritistas de Aleister Crowley.

Remanente radiactivo

8 de mayo de 2012 2 comentarios



Al norte de Ucrania, no muy lejos de su capital, Kiev, se emplaza una ciudad fantasma. Está rodeada por una burbuja temporal, impregnada del comunismo soviético aún a día de hoy. Y es que esta ciudad ha quedado aislada. Hablamos de Pripyat, una localidad que resultó devastada tras la explosión del reactor número 4 de Chernóbil. Sobre ella aún se cierne el plutonio radiactivo, que tardará veinticuatro milenios en desaparecer por completo de la atmósfera.

A principios de los 80 era un lugar rebosante de actividad, habitado por los trabajadores de la planta nuclear. No obstante, en abril de 1986, aquel dinamismo se vio truncado para siempre. Sólo gente anciana, que no entiende su vida lejos de las tierras en que se criaron, pueblan las inmediaciones e incluso cultivan los campos, sin aparentes efectos adversos en la salud. Aún así, continúan naciendo niños con malformaciones que de uno u otro modo se relacionan con el incidente.

La ciudad fantasma puede visitarse, pero no se recomienda permanercer en ella por las noches, puesto que incrementa la polución, y se debe llevar un contador Geiger para monitorear el nivel de radiactividad en todo momento.

Con todo, es un espectáculo visual, tal vez para ojos morbosos, aunque no se puede negar la singularidad de su aspecto. En todas direcciones se yerguen edificios típicos de la etapa de dominio soviético, tan característicos por sus formas rectas y su falta de calidez. La visión de la noria produce un mayor impacto si cabe, acentúa esa sensación de impotencia. Esos sentimientos encontrados en los que el tiempo y los nocivos isótopos tratan de desgarrar el lugar que una vez se creó para uso y disfrute de los trabajadores de la central y de sus familias.

Pasarán los años, los siglos, y Pripyat seguirá ahí, con los cimientos de sus edificios tambaleándose, hasta ser incapaces de resistir el embite de los agentes atmosféricos. Una cápsula del tiempo que nos enseña hasta dónde puede llegar el hombre en el ámbito de los descubrimientos y la explotación de recursos, así como es un claro ejemplo de la dificultad para controlar los elementos que trata de someter.
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Información adicional:

Documental de Cuarto Milenio sobre el incidente de Chernóbil en Youtube (12 partes):

Información sobre el sarcófago que sustituirá al actual, muy deteriorado, para contener los residuos radiactivos.
http://jumanjisolar.com/2011/04/25-anos-despues-chernobil-sigue-sin-nuevo-sarcofago.html

Categorías:Europa

Eficiencia escandinava

10 de noviembre de 2011 2 comentarios

Veinte kilómetros separan la capital danesa de la principal ciudad del sur de Suecia, Malmö.Un inmenso puente, el de Oresund, salva la distancia interponiéndose de manera transversal a las aguas del Báltico.

Es la entrada a una tierra de ensueño, de espíritu norteño. Es la entrada a la península escandinava. Allí donde Montesquieu diría, con total acierto, que el severo invierno y el templado verano ha gestado una sociedad que se preocupa en todo momento por ser eficiente. Y es que el frío despierta las mentes. Si a eso le unimos baja densidad de población, una práctica totalidad de clase acomodada y la tradicional escasez de inmigración, damos con unos países nórdicos que las tienen todas consigo para brillar con luz propia. Esa luz que tanto les niega el sol.

Un ejemplo de su desarrollo racional y sostenible, fruto de la preocupación por el impacto de sus decisiones, es el propio puente de Oresund. Para cubrir la distancia total de unos veinte kilómetros que separan Copenhague de Malmö, se necesitaba un punto de apoyo en el camino, que bien pudo ser la isla de Saltholm “islote de la sal”. La inmensa mayoría de naciones habría procedido a actuar sin mayor dilación, pero todos sabemos la pasta de la que están hechos los suecos.


El uso de las energías renovables queda patente en esta foto. Aerogeneradores en mitad del mar Báltico.

Si el puente pasaba por el islote, afectaría de manera irreversible a las comunidades de aves, a la flora y, en definitiva, al conjunto de organismos. De modo que crearon la isla artificial de Peberholm “islote de la pimienta”, para expandir el puente y cubrir la distancia más allá del mismo, a partir de los ocho kilómetros. Dejaron intacto el ecosistema de Saltholm y además, lograron que surgiese vida adaptada en el de Peberholm. La tierra utilizada para su creación, poseía semillas, y algunas aves también habitan en el nuevo fragmento de tierra. No es lo mismo que acuda vida adaptada, a que se cercene la ya establecida en otro hábitat.

Son los suecos un pueblo experto en el menaje del hogar, al igual que los daneses, y ésto en cierto modo tiene que ver con la climatología y las horas de irradiancia lumínica. Desde tiempos atávicos, los pobladores de esta península han pasado sus vidas en el interior de cálidos y confortables hogares. De ahí que su arquitectura y diseño sean referente a nivel mundial.


Tres perspectivas del fantástico Turning Torso.

Malmö destaca en ese campo a golpe de vista. La silueta helicoidal del Turning Torso se eleva ciento noventa metros sobre el cielo de la ciudad, abrazándose a sí misma. Una estructura lateral saliente, parece formar las vértebras del particular “torso retorcido”.
No obstante, cabe destacar que el arquitecto que diseñó el rascacielos residencial, fue el español Santiago Calatrava. Si bien es cierto que el lugar indicado para llevar a cabo tan elegante concepto, sería uno de los países escandinavos. En armonía con su entorno, se erige simbólico, guardián de la ciudad.

Pero el encanto de Malmö no acaba aquí. La ciudad da cobijo a la mayor biblioteca de toda Suecia, una fenomenal obra del arquitecto danés Henning Larsen.


Y siguiendo nuestro periplo de halagos a la urbe, cabe destacar que ostenta el título de “ciudad sueca del arte”, albergando más de treinta museos y galerías. De entre ellos, destacan el Konsthall, museo de arte contemporáneo abierto en 1975, de diseño minimalista y fascinante, tanto como las obras que alberga en su interior, y el Malmö Museer.


Exposiciones en el Konsthall.

De éste último, decir que su finalidad es la de preservar la cultura de la región, por lo que el contenido de sus exposiciones es variado en grado sumo. Desde restos arqueológicos, a museo de historia natural, historia y tecnología, pasando por textiles, exposiciones de la industria local y un largo etcétera. Un hecho curioso, es que el castillo renacentista de Malmöhus, el más antiguo de este estilo en toda Escandinavia, forma ahora parte del museo.
Fue mandado construir por Eric de Pomerania, en 1434, cuando gobernaba sobre las actuales Noruega, Suecia y Dinamarca. Si bien el aspecto actual del mismo no se corresponde con el inicial, sino que se produjo tras una reforma hecha por el rey Christian III a mediados del s. XVI.

Debemos citar también el fenomenal castillo de Marsvinsholm, situado a pocos kilómetros, cerca de la localidad de Ystad.


Para finalizar nuestro recorrido por la ciudad más sureña del norte de Europa, conviene obtener una visión holistica, esto es, en conjunto, de la atmósfera que emana. Una ciudad verde, preocupada por el medio ambiente, con barrios enteros que se sustentan de energías renovables y con un dinamismo que le permite reinventarse y reutilizar espacios, o bien saber integrarlos con el entorno sin agredir al mismo. Os dejamos con un ejemplo de la excelente arquitectura residencial, sello tanto de la ciudad como del país, no sin antes recordar que uno de los objetivos iniciales del blog, es tomar los aspectos positivos de cada cultura.


Arriba a la izquierda, el hospital de Malmö. Las otras fotos muestran el diseño minimalista en el que se ha enfocado el urbanismo de la ciudad.

De Suecia debemos tomar esa madurez en la que concilian en armonía la evolución del bienestar humano con la del entorno, y de la que tanto le queda a buena parte del mundo por aprender. Nos despedimos de este enclave de madurez, sobriedad y elegancia bañado por el Báltico. Hasta la próxima.
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Información adicional:

Web de turismo de la ciudad.

Web oficial del Malmö Museer.

Categorías:Europa

Un clásico que se reinventa

18 de septiembre de 2010 3 comentarios

Londres es, sin lugar a dudas, una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, y una digna candidata a capital de Europa. (Que lo sea o no, depende de la subjetividad de cada uno, ya que posee muy buenas rivales, todo sea dicho)

El ritmo de esta capital es frenético, tan solo has de ir un día cualquiera a las enormes explanadas de Hyde Park y echar un vistazo al cielo. Posiblemente llegues a ver tres aviones simultáneamente. De hecho, no hay momento en que no surque los cielos al menos uno de estos aparatos. Y, puesto que esta ciudad sabe como rejuvenecer, no ocurre lo que en tantos otros lugares, la creación de guetos o barrios marginados. En Londres, cada zona brilla con luz propia.


El famoso metro, underground, o como les gusta a los británicos ”The Tube” es otra forma de comprender el incesante ajetreo al que está sometida la otrora Londinium. Eficaz como él solo, con un túnel para cada sentido del trayecto en casi todas sus líneas, por lo que la posibilidad de equivocarnos es mínima, se encuentra atestado a cada momento. Creed lo de la eficacia a pies juntillas; si no podéis llegar a tiempo, no será por falta de indicaciones o retrasos, en cualquier caso, los vagones irán demasiado llenos -no al nivel del metro tokiota-. Y no es como los sórdidos subterráneos que son escenario de crímenes, o los insanos metros de lugares en vías de desarrollo. No señor.

El Tube de Londres tiene carácter propio. Las estaciones son muy distintas entre sí; desde la gigantesca King’s Cross, a la bulliciosa Picadilly, pasando por el metro al aire libre del extrarradio o a los personalizados -cómo olvidar los azulejos con la silueta de Sherlock Holmes en Baker Street-. Por otra parte, el carácter se ve reafirmado cuando bajas la escalera mecánica de Leicester Square, y de repente, otro tipo de escalera hace acto de presencia. La ‘Stairway to Heaven’ de Led Zeppelin interpretada a la perfección por un guitarrista. Y es que en el Reino Unido piensan tanto en la eficacia, que por las estaciones más importantes se encuentran diseminados unos puntos específicos para todo aquel que quiera ganarse su vida aderezando la subterránea, o simplemente, quiera dar a relucir sus dotes como futuro Mozart.

Y cuando salimos de este particular infierno dulce, posiblemente estemos justo donde queríamos. Tal es la preocupación por el turismo, que las principales atracciones bien se encuentran justo a la salida, o hay un pasadizo que te acerca. Sirvan como ejemplo la colosal mole neogótica del Big Ben justo al salir de Westminster Station, o el animado corredor subterráneo que nos conduce al jardín del Natural History Museum, evitando que nos perdamos por el exterior.

Hablando de atracciones, Londres tiene, y muchas. Y, para qué engañarnos, si bien algunas de las mejores son gratuitas, otras son escandalosamente caras. La mayoría se encuentra en la denominada ”zona 1” siguiendo las áreas de metro, que van de menor a mayor según se alejan del centro.


La oferta cultural es innegable, y tenemos desde la Tate Modern, que ofrece singularidades artísticas en lo que otrora era una fábrica, a la inmensa colección del British Museum, de la cuál se puede disfrutar hasta quedar saturado de grandiosidad, -si tu natural odio hacia el expolio que sufrieron las cultura antiguas de mano de los ingleses te lo permite, claro está-. Aún mayor, probablemente, es la colección del Natural History Museum, con ese imponente diplodocus haciendo guardia, y miles de fósiles asombrosos, desde el extinto moa, ave gigante no voladora, a un pez celacanto que conserva sus tejidos tras nada menos que 80 millones de años. Sin olvidar la inmensa representación a escala 1:1 de la ballena azul.

Algo distinto a lo citado, es el Madamme Tussaud’s, que si bien entretiene una mañana entera de lo enorme que es, y denota una enorme calidad en las figuras de cera, es bastante caro y está tan abarrotado de gente que la sala principal parece una discoteca, más que un museo. Mas de un susto puedes llevarte al comprobar que lo que creías estatua, es en realidad una persona que quedó petrificada por momentos, abrumada por la congestión.


Si ahora nos dedicamos a explorar el corazón de la ciudad, nos encontraremos con los preciosos edificios del parlamento, y con un río Támesis que sin duda, aporta frescura y estilo a la capital británica. Tan solo estando en el comienzo del London Bridge se aprecia la garra de una gran capital, con la colosal London Eye en su lentísimo ciclo, el embarkment, y los modernos edificios de la City asomándose tímidamente desde el horizonte.
De la dichosa noria, decir que se encuentra entre esas atracciones caras -un viaje sin descuento puede rondar las 23 libras- y que la cola, ”queue” como nos enseñaron en la escuela, o ”line” como dicen los londinenses, es insufrible. Eso sí, una vez arriba, las vistas quitan el aliento.

Podemos continuar nuestro periplo desde Houses of Parlament, a su aledaña Westminster Abbey, de imponente fachada vertical. Siguiendo el río hacia el norte, y adentrándonos de nuevo en la ciudad, llegamos a la siempre concurrida Trafalgar Square. Es el almirante Nelson, desde una considerable altura, quien vela por la genial colección de la National Gallery. Si consigues subirte a uno de los resbaladizos leones que flanquean la columna central del monumento, te sentirás como un niño y como alguien importante a la vez.


Y ahora sí llegamos al epicentro de la vida londinense, a la hipófisis de este particular torrente de sensaciones. Una delicada estatuilla, bocas de metro a cada paso y un aglomerado de pantallas luminosas, todo ello aderezado con el rumor de cientos de personas. Estamos en Picadilly Circus.

No os miento si os digo que es en Picadilly y en Oxford Street, donde las cotas de consumismo y diversión se disparan. Consumismo, por ejemplo en Lillywhites, seis pisos (al menos) donde encontrarás todo lo que se te imagine relacionado con los deportes. Diversión, por ejemplo, en Trocadero, un centro comercial vibrante, que rebosa de actividad. Varios pisos adornados con el mayor arcade que puedas imaginar -incluye varias mesas de billar en línea, cientos de máquinas e incluso una pista de coches choques-, tiendas de bisutería, manga-anime, restaurantes, y una marabunta de personas de nacionalidad no inglesa. Aunque esto es típico de Londres, en lugares como este se acentúa.

Si continuamos por el centro, tarde o temprano llegaremos al SOHO, que cuenta con varias calles de lo más animadas. Lo homosexual, lo moderno, lo nocturno, la diversión, se dan de la mano en este compendio de pubs y sex-shops, que es mejor recorrer por uno mismo para que cada cual se lleve su propia impresión, puesto que es quizás menos definido que otros lugares. Junto a él, no podemos olvidar Chinatown, con esos almacenes donde venden todo lo imaginable, y escaparates con tartas dignas de haber sido diseñadas por Ferrán Adriá de la mano de Santiago Calatrava o Norman Foster. Su aspecto es tal, que dan ganas de alunizar con un Aston Martin y zampárselas en el acto.


Más hacia el norte, donde los edificios no oprimen tanto, accedemos a un rincón que hará las delicias de niños y mayores. Un lugar exento de prejuicios y donde puedes dejar volar tu imaginación. Llegamos a la archifamosa Camden Town. Para muchos, la mejor experiencia de la ciudad.

A primera vista el visitante cree encontrarse ante un gran mercadillo, pero gradualmente -y esto es lo mejor, que la sorpresa se da poco a poco- descubre que Camden es mucho, muchísimo más. En su calle principal puedes encontrar un ejemplo de cada tribu urbana en menos de cincuenta metros. Tiendas de aspecto genial, con fachadas decoradadas, y ante todo ropa, mucha ropa.

Pero si continúas, pronto aparece el canal de Camden, con cuyo lento flujo de agua y el mecer de las hojas de sauces llorones, apacigua este vibrante lugar. Más allá se encuentra lo que yo denomino, la plaza de las exquisiteces gastronómicas. Y es que Camden es el súmmum de la comida económica -y cosmopolita- en una ciudad donde la sensación de poseer un agujero negro en la cartera es constante. Platos de todos los rincones del mundo, contundentes y a precio de saldo, aparecen ante tus sentidos. No sólo el visual, sino el olfativo e incluso aparecen ante el paladar, a modo de aperitivos que se te ofrecen para decidirte por un puesto en concreto. Thai, vietnamita, hindú, turco, marroquí, polaco…todo lo que imagines. Y de postre, ¿por qué no deleitarse con una brocheta de frutas, cubiertas de chocolate belga fundido y espolvoreada con esponjitas dulces y trozos de avellana? Servida en hoja de platanera, faltaría más.


Por último, no podemos dejar pasar el nostálgico Stables Market, con los caballos como elemento constante de decoración y una ingente cantidad de miscelánea ‘vintage’ para los amantes del pasado, desde mapas de la antigüedad, a pósters, ropa, máquinas de escribir, instrumentos musicales, etc. Y el colofón, para la que quizás sea la tienda más genuína de cuantas he visto. Cyberdog, al final del recorrido por Camden. Una entrada custodiada por robots gigantes da lugar al neón, a la fluorescencia, a camisetas con pantalla LED, a peluches de enfermedades, a artículos dedicados a la práctica de sexo un tanto alternativo. El paraiso freak por escelencia.

Con todos estos alicientes, dan ganas de quedarse a vivir, pero aún nos queda Londres por recorrer.

Es hacia el Este, en busca de los Docklands, donde surge lo que da lugar al título de este artículo. Tradición y modernidad, van de la mano en la City londinense. El St. Mary’s Axe, ese archifamoso rascacielos con forma ahuevada y de concepto futurista, custodia otros tantos colosos acristalados, a uno y otro lado del río, como es el caso del nuevo City Hall, que parece una esfera deformada por el fuerte viento. Y todos estos edificios, rinden completa devoción a sus ancestros, dos de ellos, se cuentan posiblemente, entre las construcciones más bellas del mundo.


Hablamos de la ”Tower of London” y del ”Tower Bridge”. La fortaleza medieval, causa un bellísimo impacto, con sus preciosas torres, sus sólidos muros y su cuidada explanada. Por otro lado, qué decir del puente. Si hay algo de la ciudad que supera las espectativas que tenías antes de visitarla, es el Tower Bridge. Majestuoso, ligeramente gótico, colorido, único en sus formas, totalmente acorde con las orillas que une, con el río que protege. Pasear bajo sus dos torres es una experiencia inolvidable.Tanto como contemplar la ciudad desde la cúpula de St. Paul’s Cathedral, la colosal y clásica. Tan alta es, que cuesta atisbar siquiera la enorme cúpula desde abajo, desde según qué ángulo.

Pero no todo en la zona de la City es positivo; el ritmo de vida es demasiado frenético, es zona de negocios. No esperes contemplaciones si has de pedir información, estarán demasiado ocupados para ofrecértela. Y no esperes saciar tu apetito sin vaciar la cartera. Posiblemente debas empeñarla para poder costearte la cena.


Yendo aún más hacia el Este, aparece el complejo de negocios de Canary Wharf, que si bien no posee la elegancia ciertamente opresiva de la City, sí que tiene un toque espacioso, joven y americano. Los canales y parques de verde puro que rodean los rascacielos, la plaza del One Canada, edificio más alto de Gran Bretaña, y la fabulosa salida de la estación de metro, contribuyen a grabar en la retina una imagen impecable. El atardecer, en ese singular lugar, debe ser espléndido. A esa hora, miles de empresarios atestan los pubs para cenar.

Si, por último, nos alejamos hacia el sur, cruzando el Thames, aparece ante nosotros un bellísimo suburbio que guarda una grata sorpresa. Greenwich. Con aspecto de pueblecito pesquero, cuesta creer que se encuentra inmerso en una urbe de ocho millones de habitantes, cuesta hasta que al otro lado del río ves la mastodóntica figura del One Canada y piensas que 15 minutos de metro te separan del bullicio. Allí reside, en Greenwich, el Cutty Shark, posiblemente el velero más famoso del mundo, que no tuve suerte de ver puesto que se encontraba en restauración. Pero hay más alicientes, como la colina del observatorio, donde se encuentra la famosa línea meridiano, que divide el mundo en dos.

Y más importante, desde allí las vistas de la ciudad son, no ya bellas, sino épicas. Creedme que pasar un atardecer contemplando la ciudad en todo su esplendor desde ese recodo de paz y sosiego, es algo que difícilmente se olvida.


Ahora es más fácil comprender que Londres, a pesar de ser una gigantesca metrópolis, es una ciudad madura, y esto ayuda a que coexistan lo antiguo y lo moderno sin estrépitos, sin ser forzado, y a que en todo lugar haya cerca un parque donde relajarse y huír del estrés. Es debido a que Londres ha crecido sin prisas, y así, no hay ningún barrio marginado, ningun lugar sin sus debidos servicios básicos. Prueba de ello es que tenemos parques geniales, como el ya citado Hyde Park, con su lago Serpentine, y kilómetros cuadrados para hacer el ganso -o darles de comer a ellos-. También tenemos el Green Park, con sus famosas tumbonas, y su romántico y otoñal paseo flanqueado por robustos árboles de hoja caduca.

Y cómo olvidar el St. James Park, el parque de palacio, de un aburrido y sórdido palacio de Buckingham que habrá a quien le merezca la pena, pero a mí me resulta demasiado gris y monótono. Este parque es, en esencia, la viva imagen de esa idea que todos tenemos de un parque. Un precioso lago con puentes de madera, una islita con pelícanos, sauces nutriéndolo con sus llantos en la ribera, jardines inmaculados, y fauna variada. Ocas, gansos, patos, cisnes, ardillas, cuervos, etc.


Como broche final a nuestro recorrido por Londres, hay que citar Regent’s Park. Situado cerca de Camden Town, junto al parque zoológico, reune las condiciones para ser el parque ideal. Posee una explanada que alcanza hasta el horizonte, donde docenas de grupos de deportistas, desde profesionales a amateurs, se dedican a llevar a cabo una vida sana. Es una imagen que merece la pena conservar. Es lo más cercano a un mundo ideal que puedes atisbar.

Asimismo, hay otra parte dedicada al descanso puro y duro, con un césped de un verde que duele a la vista y apetece sin dudarlo, y otra de jardín escénico, con colecciones de flora que logran paisajes asombrosos. Desde cascadas pedregosas donde se respira la más pura humedad y el perfume de las rosas, cientos de rosas de mil colores que atestan los Queen Mary’s Gardens.

Tras esta lectura, cuesta pensar en Londres como esa ciudad de gente estirada, gris a más no poder. Cuesta pensar en el humor ácido, en lo conservador.

Londres, hoy por hoy, es tan cosmopolita, e incluye una oferta tan amplia de ‘todo’, que me atrevo a decir que es una ciudad de plastilina.

Es una ciudad que se moldea, a tu gusto, hasta que sin lugar a dudas puedes gritar ¡Estoy satisfecho!

. . .

Gracias por leer
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Sufrimiento de un pueblo, fanatismo de un hombre

7 de febrero de 2010 3 comentarios

ESPECIAL SOBRE AUSCHWITZ-BIRKENAU

Situado en territorio Polaco, el trístemente famoso campo de concentración de Auschwitz.


En este lugar se produjo una de las mayores masacres que la historia ha conocido, y sin lugar a dudas, la que más impacto ha causado en Occidente. La ideología nacional-socialista iba ganando adeptos en una Alemania lacerada y humillada por Europa tras la Primera Guerra Mundial y el Tratado de Versalles.

Habiéndoles vetado de toda posibilidad de expansión, los germanos sentían que su país era el hazmerreír del continente. En esos tiempos, el pueblo necesitaba recobrar el carácter firme, una estable producción primaria y desarrollar aún más la industria. En ese momento, el nacional-socialismo, era la salvación que todos atisbaban. ¿Qué mejor que un gobierno autoritario, que reivindicase al país y al orgullo patriótico, un gobierno práctico que quisiese que Alemania renaciese de las cenizas con gran presteza, cual ave Fénix?

Fue entonces cuando aparecieron personajes del calibre de Adolf Hitler. Un hombre que jamás había destacado en nada de lo emprendido, pero que de todos es sabido, poseía una increíble elocuencia y don del habla. El portavoz perfecto para el gobierno perfecto. En pocos años, Hitler fue subiendo peldaños hasta llegar a hacerse con el mando del partido nacional-socialista (nazi), digamos que se desquitó de sus anteriores fracasos o sinsabores creando ese férreo baluarte germánico, que era su partido.

Hitler supo como nadie hacer florecer a la nación, siguiendo ideales antimasónicos y antisemitas, dando a conocer que éstos eran la lacra, la decadencia de los pueblos. Proclamaba la total superioridad de la raza aria; pretendía una autarquía total en su Estado, como bien solían desear todos los gobiernos de ese tipo. Pero la cosa no quedaba ahí, el fanatismo nazi llegaba al extremo de ensoñaciones tales como el control total del mundo conocido, siendo Alemania el núcleo.

Pronto comenzaron sus ofensivas bélicas que devastaron Polonia en el año 1939; la capital, Varsovia, quedó hecha añicos, y la visita de los alemanes dejó bien claro a los detractores del nacional-socialismo, a lo que se atenían.


Los ataques del ejército alemán eran fulminantes, tanto es así que apareció el término ‘Blitzkrieg’ – guerra relámpago – dada la velocidad a la que sucumbían sus objetivos. Surgieron conflictos con la vecina y totipotente URSS. Stalin veía al gobierno y ante todo al ejército alemán como una amenaza para la supervivencia de su nación. Tanto empeoraron las cosas que los alemanes decidieron atacar finalmente, sabiendo que la guerra iba a ser dura. Rusia contaba con la ventaja de la extensión territorial para desgastar a los alemanes.

Una vez éstos, en una demostración de poderío sin antecedentes, llegaron a las puertas de Stalingrado, cerca del cáucaso, se libro una cruda batalla en la que los alemanes conocieron la derrota.

A partir de ahí, llegó el declive. Los intentos de posesión de las Islas Británicas no acabaron del todo bien; la RAF (Royal Air Force) sabía como derribar a los temidos Stuka bombarderos alemanes. En cielo inglés se libró una de las mayores contiendas aéreas de la historia. Pese a los intentos diplomáticos de Alemania para con Inglaterra, no hubo acuerdo. El desembarco de Normandía, la mayor operación anfibia de la historia, supuso un jaque al ejército alemán por el frente del este. Pearl Harbor fue bombardeado por los japoneses en diciembre de 1941, lo que no hizo más que enfurecer a los estadounidenses, con lo que todo el apoyo alemán – japoneses e italianos – se veía amenazado. Italia por suparte fue un aliado muy deficiente para Alemania. En el libro ‘El ocaso de los dioses nazis’ de Ramón Garriga, se expone algo así como el carácter latino despreocupado como la némesis culpable de la ineficiencia del ejército italiano. Alemania fue perdiendo posesiones por los cuatro puntos cardinales. Rommel, el genial coronel que comandaba en el norte de África, no fue menos.

Finalmente en 1945, con apoyo americano inclusive, Berlín fue tomada por sus cuatro costados, y profusamente bombardeada. Hitler, en su búnker, se suicidó, poniendo fin a una de las etapas más oscuras de la historia moderna. Cabe destacar que en verano de ese año, Estados Unidos lanzó las bombas atómicas ‘Little Boy’ y ‘ Fatman’ sobre Hiroshima y Nagasaki respectivamente, quedando el mundo atónito ante el poder destructivo de semejantes armas. Ahí concluyó la horrenda Segunda Guerra Mundial, con la rendición de Japón ante el bando de los aliados. Tras de sí dejó un daño difícilmente reparable y que perduraría durante décadas, incluso a dia de hoy sigue remanente.

Pero tras esta especie de prólogo, trataré el tema de Auschwitz. Si bien Hitler se enfocó más en el terreno militar, fue su camarada Himmler el que llevó el culto a la raza aria y la xenofobia a su máximo exponente. Se crearon campos de concentración por toda centroeuropa a los que eran conducidos los ‘errores de la naturaleza’; gente con discapacidad, ancianos ‘no útiles para la sociedad’, y ante todo, judíos.

Seis millones de almas fueron segadas durante el mandato nazi en esos campos, y Auschwitz-Birkenau constituye la piedra angular de todos ellos. A la entrada del campo aparece esa inscripción: ”Arbeit macht frei”, ”el trabajo hace libre”.

Y es en el lugar, donde cientos de miles de personas fueron totalmente engañadas. Trabajar para el mantenimiento del campo no les haría libres. Ataviados con los ya famosos pijamas de rayas, los adultos cumplian extenuantes horarios y recibían una ración de alimento irrisoria, que en pocos días les dejaba raquíticos.


Muchos niños y ancianos eran llevados en masa a las duchas, gran parte nada más llegar al campo de concentración. Esas duchas no eran más que una trampa letal. Cuando se hallaban dentro, se abrían los respiraderos por donde penetraba a la sala un gas neurotóxico; el Zyklon-B, que provocaba síntomas graves y dispares, desde la relajación de los esfínteres hasta la paralización del diafragma, sobreviniendo la asfixia tras un sufrimiento indescriptible.

Una vez el silencio y la muerte reinaban en la habitación, entraban los ‘Sonderkommando’, quienes limpiaban los cadáveres de cualquier posesión de valor, y posteriormente trasladaban a los crematorios, donde eran incinerados. Muchos Sonderkommando probablemente manipulasen cuerpos de conocidos o incluso familiares.

Es increíble la manera tan cruel en que estas actividades fueron realizadas, es indignante el modo en que el fanatismo nacionalsocialista exterminó de esa manera a millones de personas. Una historia que parece ficción de lo dantesco de su esencia, pero tan real como el enclave en que sucedió. Auschwitz, si bien es el núcleo de la pesadilla, es un lugar que no debe quedar en el olvido, para que acontecimientos como esos, queden grabados en las mentes de jóvenes y ancianos. Para que algo así de infernal, jamás vuelva a suceder.

De todo esto, mucho se ha escrito y filmado. Si queréis empaparos del tema, puedo recomendaros encarecidamente dos películas, y un libro. ‘La vida es bella’ y ‘La zona gris’ retratan de manera casi opuesta lo acontecido en campos de concentración. En la primera priman la alegría y las ganas de vivir, dentro de un contexto trágico. La segunda, una película austera y silenciosa, con varios protagonistas. El libro; ‘El ocaso de los dioses nazis’, una fenomenal crónica del surgimiento, evolución y decadencia del III Reich alemán, por Ramón Garriga, periodista español que vivió en Berlín durante la II Guerra Mundial.

Espero que hayáis aprendido con este post, y ante todo, que os hayáis concienciado del daño que puede causar el seguimiento de una idea sin pies ni cabeza, puesto que la xenofobia y cualquier tipo de exclusión fortuita y sin fundamentos, es una lacra en esta sociedad. La lacra de la ignorancia y de la cobardía, puesto que la extrema postura que tomó el régimen nacional-socialista solo puede responder a una intransigencia cobarde, incapaz de aceptar la multiculturalidad, cegados por la baja estima que tenían del país que otrotra fue potencia.

No obstante, Alemania supo resurgir como pocos pueblos de las calamidades de la guerra, y ahora brilla con luz propia. Polonia, una de las mayores víctimas de esa guerra, hace lo mismo. Tuve el honor de conocer a una polaca, y os puedo decir que se trata de una bellísima persona, con amor por la vida y un balance exquisito de valores formales y ganas de vivir. Polonia representa un pueblo tímido en su exterior, pero con un potencial de maravillas a ofrecer, que el día que se den a conocer, el mundo entero sucumbirá a sus encantos. No dudaré en dar a conocer más de este bellísimo país, pero supongo que el comienzo es el comienzo, y Auschwitz es un punto de partida que nos hace comprender mucho sobre el carácter de esta espléndida gente.

Pensé en incluir una parte del epílogo de Ramón Garriga en su libro, pero me parece infracción de los derechos de autor por un lado, y en este contexto, algo así como apología de la persona de Adolf Hitler – no tanto por lo que se diga sino por cuanto se centra el texto en él – y es mi última intención.

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Abadía insular

4 de febrero de 2010 1 comentario

Esta vez el objetivo del blog es un lugar por todos de sobra conocido. Se trata del Mont Saint-Michel. Posiblemente el lugar más emblemático de Francia tras su capital. Antiguamente, su abadía de estilo gótico-flamígero era una fortaleza inexpugnable, a la que pocos podían llegar en momentos de marea alta, y eso fue el principal motivo que la salvó del ataque de los ingleses en la Guerra de los 100 años.

No obstante, más atrás en el tiempo, en el momento de su construcción, sí se encontraba unida a tierra. Se dice que la acción erosiva del cercano río Couesnon, y una serie de fuertes mareas y procesos de subsidencia -hundimiento del suelo-, aislaron el lugar.

Hoy día, el Mont St. Michel ha perdido parte del romanticismo que poseía, puesto que con la nueva carretera y el gigantesco párking, llegar allí es mucho más simple. Todo eso sin contar el enorme acúmulo de sedimientos que suponen estas obras, dejando el monte rodeado de arena casi constantemente.


Más de tres millones de turistas visitan el peñasco cada año, revitalizando un pueblo de apenas cuarenta habitantes, y sólo una docena de monjes en la abadía.

El gobierno francés es consciente de que el turista, cada vez más difícil de satisfacer y siempre en busca de lugares con carácter propio, desea nuevas experiencias.
Por ello, pretenden llevar a cabo una empresa que hasta el momento ha sido hipotética por completo. Quieren devolver a la bahía la fuerza mareal de antaño.

Para empezar, se represará el río Couesnon – la obra se completó hace pocos meses -, con lo cual abrirán las compuertas para que entre el agua en pleamar, y se soltará en bajamar, aumentando así la potencia de las mareas. A continuación se pretende eliminar la carretera y el gigantesco parking de 15 hectáreas, con lo que se devolverá una importante superficie de arenal vírgen. Por último construirán un puente peatonal. La única manera de acceder al promontorio será a pie, devolviendo el espíritu peregrino de tiempos medievales. El proyecto no afectará a la mecánica natural de marea, simplemente arrastrará mar adentro los sedimientos que amenazan con dejar Mt. Saint Michel unido a tierra para siempre.


Como podéis ver, la mano del hombre a veces también actúa de forma positiva. Esperemos que más proyectos como este surjan de ahora en adelante para devolver la magia a sitios tan espectaculares como este rincón de Francia.

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