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Archive for the ‘América’ Category

Tricksters y cedros rojos

4 de septiembre de 2014 Deja un comentario
 
En la Columbia Británica las leyendas se posan sobre las nuevas generaciones del mismo modo en que la bruma lo hace sobre las ensenadas de su recortado litoral; con delicadeza. Es una extensión de bosques interminables de coníferas, de montañas, de entrantes de mar e islas que se aventuran al agua; un lugar donde, por extraño que parezca, la tierra salpica al mar.
 
 
 
Esta vasta región del Oeste canadiense alberga algunas de las culturas más fascinantes de América, con una nutrida mitología y espiritualidad. Algunos de los extraños -para nosotros- nombres de los pobladores son los Tlingit, los Nootka, los Haida, Chinook y Stolo. Todos ellos son pueblos muy ligados a la naturaleza que, poco a poco, se han adaptado a las comodidades de la vida actual y se han integrado en la sociedad canadiense.  No obstante, su simbolismo es fuerte y sigue vivo; prueba de ello son los magníficos tótem, tal vez su materialización cultural que más global se ha hecho. Un tótem puede representar a una persona, a los animales ligados a ella -muchos seres vivos adquieren un cariz casi sagrado, como el cuervo, la orca o el oso-, o la historia de un clan o familia o, tal vez, una leyenda.
 
Es el caso de uno que representa una leyenda haida, con todos sus personajes y hechos grabados en la madera;
 
Hubo una vez un mozo en la ciudad de Gwais Kun que acostumbraba holgazanear, tumbado todo el día en la cama, hasta que su suegra le censuró por ello; él se sintió avergonzado, y se fue decidido a matar a un monstruo que habitaba en un lago y que se alimentaba de hombres y de ballenas. Con ayuda de un pájaro sobrenatural construyó un cepo con el tronco de un árbol y suspendió encima de él a dos niños para que sirviesen de cebo. El monstruo fue capturado y el mozo se disfrazó con su piel para apresar peces, que regularmente depositaba sobre los escalones de la puerta de la casa de su suegra. Ésta se sintió tan halagada por estos inesperados dones, que llegó a creerse hechicera. Cuando el mozo, al fin, la desilusionó, se sintió tan avergonzada que murió a causa de ello.”
 
El tótem es parte de la casa de un caudillo haida del siglo XIX, la cuál está expuesta en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, y el extracto de la historia surge del libro “La historia del arte” del genial E. H. Gombrich.
 
 
 
El estrecho vínculo con la naturaleza y, especialmente, con los animales, se pone de manifiesto también en algunas figuras mitológicas como el personaje del trickster, un animal -a veces antropomórfico- que, como su nombre indica, realiza trucos, desafiando las leyes establecidas. Hay una fuerte analogía entre el trickster de los nativo americanos y otros personajes mitológicos de índole muy apartada; por ejemplo, se dice que el trickster cuervo de los pueblos de la Columbia Británica robó la luz y de ahí se hizo el mundo, algo que recuerda a la historia mítica de Prometeo. El coyote también es un animal que juega un rol principal en la creación del mundo. [1]
 

Cuervo haida
 
 
Bill Reid; “The Raven and the First Men” 1980, cedro amarillo laminado. Museo Antropológico de Vancouver. [2]
 
 
Una curiosa tradición de los primeros pobladores de Canadá es el potlach. [3] El potlach es una fiesta que surgió como elemento de cohesión entre tribus, en la que se realizan actividades que ponen de manifiesto su espiritualidad común y en la que, quienes lo celebran, demuestran su poder y riqueza regalando buena parte de sus posesiones, o incluso realizando demostraciones de absoluto derroche; se habla de potlach en los que se llegó a quemar casas. La práctica del potlach se prohibió por el gobierno canadiense a finales del siglo XIX y no fue restituida hasta 1951. En realidad, muchos ven en esta celebración una adaptación a los ciclos, o un homenaje, puesto que es necesaria una racha de bonanza previa al potlach. Sería algo así como el colofón a todo lo obtenido, a sabiendas de que pronto la situación podría cambiar, más que un vano alarde. Como siempre, estas consideraciones pueden estar en entredicho y sujetas a la apreciación de cada uno.
 
Las culturas del Noroeste americano han visto, del mismo modo que los inuit o, poniendo un ejemplo de las antípodas, los maoríes, una mejora notable de su situación e integración, al serles devuelto el reconocimiento. Prueba de ello serían tanto la restauración del potlach como el cierre de muchas“residential school”, que fueron la forma en que trataron de hacer asimilar a los jóvenes nativos americanos la cultura europea o “blanca” por la fuerza. [4]

Por otro lado, sigue habiendo lugares en los que se produce la rica artesanía de estos pueblos, -muchas veces son europeos o americanos no nativos los más interesados en este tipo de arte- como por ejemplo Copper Maker, el taller del genial artesano Calvin Hunt, de quien dejo más abajo el link a su web. [5]

La canoa, uno de los ejes de estas tribus americanas por haber sido un vehículo crucial en su historia, así como en la de otros pueblos aún más norteños, recupera protagonismo y, cuando llega el buen tiempo, los pertenecientes a estas etnias gustan de multitud de competiciones a modo de regatas, que sirven como nexo de unión entre los diversos grupos y que potencian sus raíces.

 

 

Un poco de historia;

La primera exploración de estas tierras por parte de no nativos data del siglo XVIII, cuando el virrey de Nuevo México pidió al navegante Juan Pérez que llegase hasta los 60º de latitud Norte a bordo del navíoSantiago en busca de rusos comerciantes de pieles -como se rumoreaba que había-, para obtener recursos y potenciar el dominio español de esos territorios americanos. En el año 1774 llegó junto con su tripulación a la zona de la Columbia Británica y cartografiaron las costas, haciendo breves contactos con la tribu haida entre otros. También fueron los blancos quienes llevaron epidemias como la viruela a esas gentes.

 

El navío Santiago y el primer intento de cartografiar la costa Noroeste del Pacífico, por parte de la tripulación de Juan Pérez en 1774. [6]
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Os aplazo hasta la próxima entrada no sin antes agradecer la lectura y, como no podía ser de otra forma, con una fantástica imagen de un potlach y una poesía que resume su filosofía.

 

 
“When ones heart is glad he gives away gifts
It was given to us by our Creator
to be our way of doing things, we who are Indians.
The potlach was given to us to be our way of expressing joy.
Every people on Earth is given something.
This was given to us.” –Axu Alfred [7]

 

Fuentes e información adicional:
Os aconsejo encarecidamente visitar esta web;
http://culturartehistory.blogspot.com.es/2012/04/tribus-de-america-del-norte-la-costa.html
que ofrece una buena base de información y está bien ilustrada, así como el magnífico documental de la serie “Otros Pueblos” de Luis Pancorbo sobre las culturas del Noroeste americano;
http://www.rtve.es/alacarta/videos/otros-pueblos/otros-pueblos-canada-primavera-esquimal/1991107/

(2) Los potlach (historia y enlaces a más artículos): https://www.mint.com/the-history-of-potlatch-and-native-american-currency/
(3) Museo Antropológico de Vancouver: http://www.moa.ubc.ca/
(5) Web de Copper Market: http://www.calvinhunt.com/
(6) Historia de la llegada de españoles a la Columbia Británica: http://www.historylink.org/index.cfm?DisplayPage=output.cfm&File_Id=5677
(7) Tumblr sobre cultura nativa americana: http://lastrealindians.tumblr.com/
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El horno de América

10 de enero de 2013 Deja un comentario

Situada en la zona suroeste de Norteamérica, es la región más calurosa -y una de las más áridas- del continente y del hemisferio Norte, alcanzando y sosteniendo en verano temperaturas casi equiparables a las del Sahara. Hablamos del desierto de Sonora, en la frontera entre EE. UU. y México, y del Valle de la Muerte y el desierto de Mojave, ya íntegramente en territorio estadounidense.

Alberga paisajes inhóspitos de belleza desoladora, y su casi permanente anticiclón lo hace un lugar ideal para la observación de un inmaculado cielo nocturno.

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Todos tenemos grabadas en la mente las interminables rectas de asfalto que comunican las principales ciudades del Oeste.

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El desierto de Sonora es hogar de la mayor especie de cactus existente, el saguaro, y de uno de los mayores lagartos, el monstruo de gila. La conflictiva frontera entre EE. UU. y México atraviesa estos paisajes y es un eje que vertebra la actividad relacionada con el contrabando de drogas y la inmigración ilegal, por lo que se le conoce tristemente desde hace décadas. Numerosos mejicanos se juegan la vida atravesando el Río Grande a diario para encontrar una vida mejor en la tierra de las oportunidades.

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No obstante, si hay algo que hace brillar con luz propia a esta región, es el dinamismo que se está observando en los últimos años. Digamos que se está reinventando y rejuveneciendo. Phoenix, por ejemplo, la mayor ciudad del estado de Arizona, es la urbe con mayor crecimiento del país. El suroeste está de moda. Interminables océanos de unifamiliares riegan el extrarradio de ciudades como la citada, expandiéndolas hasta límites insospechados con el sello americano de “cuanto más grande, mejor”. Aquí todo es amplio e inabarcable.

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Más al norte, en el Valle de la Muerte y ya entrados en el estado de Nevada, hallamos un lugar que, paradójicamente, posee uno de los índices más elevados de contaminación lumínica de todo el mundo. La ciudad de Las Vegas. Un edén -o reducto pecaminoso, según se mire- que brilla en mitad de la profunda oscuridad del desierto. Su archifamosa avenida principal, The Strip, está cercada por imponentes rascacielos que hacen las veces de casinos y hoteles de lujo, como el Bellaggio, con su inmensa fuente. Los amantes de las emociones fuertes también pueden recibir su dosis, alejándose un poco de los atractivos típicos de la ciudad, en la Stratosphere Tower y sus atracciones situadas en la azotea, a más de trescientos metros de altura. Sin lugar a dudas, un viaje en su raíl de montaña rusa que asoma el vagón al vacío, hace que uno valore su vida como pocas otras cosas.

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No quería dejar este cautivador paraje sin citar una pincelada de arte incrustada, literalmente, en su árido sustrato, allá por el estado de Texas, cerca de la ciudad de Amarillo. Se trata del Cadillac Ranch, una serie de vehículos empotrados en la tierra y pintados con graffiti que dan muestra de lo que el entorno y la mano del hombre puden llegar a sorprender.

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Espero que os haya gustado este recorrido. Gracias por leer.

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Verdor ubicuo

29 de septiembre de 2011 Deja un comentario

Viajemos un poco al sureste de Seattle. Alejándonos del bullicio de la capital del grunge, donde surgieron Boeing y Starbucks, y de su archifamosa Space Needle, la torre con restaurante giratorio tantas veces filmada, aparece un paraíso natural.

Hay una atracción en el estado de Washington que ensombrece a la anteriormente citada torre. Y es el imponente monte Rainier, que junto con sus alrededores, conforma el Parque Nacional Monte Rainier. El majestuoso cono volcánico, se eleva 4.392 metros en una zona que posee el récord mundial de innivación, esto es, depósito de nieve. Hubo un año en el que se registraron casi treinta metros de espesor en ciertas áreas. Es, además, la zona con más glaciares de los Estados Unidos, manteniendo ciertas regiones de Alaska al margen, contando más de veintiséis.

La vegetación capta la atención de quien visite el estado de Washington. Gracias a su clima con influencia oceánica, a las corrientes del Pacífico que suavizan las temperaturas, y a los frentes borrascosos que condensan y precipitan en las montañas, surgen bosques espectaculares. Las coníferas y los helechos predominan. Las primeras, son gigantes que custodian al resto de plantas; los segundos, frondosos, tanto que nos recuerdan al periodo Jurásico. Así como la flora puede alcanzar tamaños inmensos, la fauna no se queda atrás. Bisontes y alces son dos de los grandes ejemplares que podemos encontrar.

Cerca del Parque Nacional Monte Rainier, 45 km al sureste, podemos encontrar la cascada Snoqualmie.


Este paisaje se mantiene a lo largo de la costa en la zona fronteriza con Canadá. Es en la esquina noreste de los EE.UU., donde nos encontramos con Cape Dissapointment, “cabo decepción”. Ver como las olas se estrellan contra las rocas bajo su faro es todo un espectáculo, a medio camino entre bucólico y romántico en su vertiente salvaje.


Y siguiendo hacia el norte, una vez traspasada la barrera entre los dos gigantes americanos, llegamos a Vancouver. La preciosa ciudad, cuya calidad de vida figura como la mayor de entre todas las urbes del mundo, se ve salpicada y rodeada de naturaleza virgen. 

Es el caso de Capilano, en el extremo norte, donde las coníferas
le ganan terreno a los edificios.La belleza paisajística de este lugar es difícil de asimilar. Mientras recorremos el denso bosque, respirando una perfumada mezcla de aire puro y olor a tierra mojada, de pronto advertimos un abismo bajo nuestros pies. Estamos en el puente suspendido de Capilano, que nos permite viajar a la altura de las copas de los árboles .

Quienes pasean por los corredores en altura del bosque, poseen magníficas vistas del mismo al pasar por el puente de Capilano, sobre el río homónimo.

Espero que el recorrido, dividido por varias regiones de la costa del Pacífico de Norteamérica, haya sido de vuestro agrado. Huelga decir que el valor natural de la región es incalculable, suponiendo todo un pulmón a las ciudades de Seattle y Vancouver. La población autóctona lo sabe, y por ello han logrado sacarle provecho de la manera más sostenible, utilizando criterios turísticos poco agresivos, interactivos, y que quienes los disfruten guardarán a buen recaudo en sus retinas.
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Información adicional:

Vídeo en el que se recorre el puente. El sonido del rumor del agua y las vistas no tienen precio.

Galería de fotos del Parque Nacional Mount Rainier.
http://www.nps.gov/mora/photosmultimedia/Around-the-Park.htm
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PARTICIPA
¿Qué opinas de los bosques de la costa del Pacífico? ¿Te gustan las fotos? ¿Crees que se hace un buen turismo en la región? No dudes en comentar tus opiniones, sugerencias, y/o peticiones.

Categorías:América

Colosos en la jungla

2 de junio de 2010 Deja un comentario


América Central es conocida por su enorme biodiversidad. A ésto ayuda un clima tropical con generosísimas precipitaciones y temperaturas estables durante todo el año. Las condiciones perfectas para que se de la pluviselva más vírgen del planeta.

En Guatemala, la influencia tropical no es tan acusada, puesto que nos encontramos ya cerca del Trópico de Cáncer. Sin embargo al norte del país, donde la península de Yucatán comienza a separar el mar Caribe del golfo de México, encontramos una jungla muy densa.

Es aquí donde se levantan algunas de las más impresionantes construcciones que dejó tras de sí la Civilización Maya. Estamos en la región de Petén.


La cultura Maya ha fascinado siempre al mundo moderno, por ejemplo, por sus conocimientos de astronomía. Muchas de sus edificaciones se levantaban con la única excusa de ser un punto donde observar bien el cielo, un cielo que desde el suelo queda oculto entre la exuberante vegetación. Por otro lado, muchos amantes de la especulación, barajan la posibilidad de que hubiesen sido descendientes de los egipcios, dada la similitud de sus pirámides.

Y por último, de rabiosa actualidad, la Cuenta Larga del calendario Maya, que presupone cambios de ciclo cada cierto tiempo. El periodo actual comenzó en el año 3114 a.C. y termina en diciembre de 2012 d.C. Lo que por los Mayas era vaticinado como un gran cambio, muchos sensacionalistas y alarmistas aprovecharon para etiquetar de apocalipsis a la vuelta de la esquina.

No considero este momento el ideal para entrar a debatir sobre eso. Lo que sí es cierto es que la calidad arquitectónica de los pueblos amerindios llegó a ser en cierto modo, superior que la de los habitantes de las riberas del Nilo.

En lo más profundo de la jungla guatemalteca, se yerguen como fantasmales mastodontes entre la neblina húmeda tropical, las siluetas de las colosales pirámides de la antigua ciudad de Tikal [ciudad de las voces].


El que las contemple, podrá sin duda sentir lo insignificante del ser humano frente al tiempo. Una poderosa urbe que en su tiempo – hablamos del siglo I a.C. hasta el siglo IX d.C.- contó con más de cien mil habitantes, todo un fuera de serie. Ahora sólo nos quedan las ruínas de tan magnífica metrópoli, que no obstante son muy numerosas; pirámides, templos, terrazas, etc. que nos recuerden tan doradas fechas.

Más concretamente, el complejo de Tikal posee seis templos piramidales principales, que destacan con mucho del resto de edificios. La pirámide del Gran Jaguar (I), la de las Máscaras (II), la del Gran Sacerdote (III) – considerada la mejor conservada del mundo Maya -, la de la Serpiente Bicéfala (IV), que con sus imponentes 64 m de altura es la mayor de todas, una pirámide en la que no se encontró tumba (V), y por último la de las Inscripciones (VI).


La serenidad con que estas moles de piedra tallada gobiernan la jungla, hermanándose en todo momento con la flora del lugar, nos da a entender la magnificencia de los pueblos antiguos, y ayudan a comprender las preocupaciones y el modo de vida de sus gentes, ya sea por el tipo de edificio que predomine – nos dirá a qué aspecto de la vida daban más énfasis – y por los textos que encontremos grabados en ellos y en sus manuscritos.

Lugares como Tikal merecen ser citados y preservados para que la humanidad sea testigo de su pasado más remoto, que nos ayuda a resolver en parte la duda de quiénes somos y de dónde venimos, si bien no en ámbito cosmológico, sí en ámbito histórico.

…Gracias por leer…

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Links de interés

Para saber cómo funciona el complejo calendario Maya.

He elegido este vídeo puesto que nos hace ver cómo el conjunto se encuentra inmerso en la profunda jungla. Sin palabras.

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Blanco impoluto

5 de febrero de 2010 Deja un comentario

Imagina que te encuentras en una salina. Una verdadera salina, de suelo blanco y granulado, que daña la vista de la claridad que refleja. Ahora imagina que está aislada, que no hay absolutamente nada a kilómetros a la redonda. Imagina por un momento que te encuentras en una enorme planicie blanca que se extiende hasta donde alcanza la vista, hasta un horizonte donde se perfilan tímidamente las montañas.

En el salar de Uyuni, en Bolivia, encontrarás eso. Y no está en tu imaginación, está en Sudamérica.
El país andino, único en su subcontinente que no tiene salida al mar, lejos de ser un rincón a medio desarrollar y sin encanto alguno, esconde lugares de infinita belleza, claro está, una belleza alternativa al canon habitual. Este prodigio paisajístico de la naturaleza cubre una vastísima extensión. De hecho, la superficie del salar es similar a la de la provincia de Granada. Dicho de una manera más espectacular, cabrían en él un millón y medio de campos de fútbol.

La majestuosidad del lugar se pone de manifiesto en el alba y el ocaso, cuando se da una sucesión de magníficos colores; azules, lilas y blancos. Por otra parte, hay zonas de la salina que son un auténtico espejo del cielo, y el visitante puede sentir como si estuviese flotando en el vacío.
Una vez más, el mundo logra deleitarnos con paisajes de ensueño, pero tan reales como la vida misma. O la sal con la que pueden levantarse edificaciones tan singulares como el único hotel hecho enteramente del dichoso cloruro sódico, toda una atracción.


Pero en ese rincón de Bolivia no ponen su atención sólo los amantes de lo curioso, sino también grandes multinacionales. Esto es así debido al descubrimiento de que el subsuelo de la salina contiene la mayor concentración de litio del mundo. De hecho, sin cubrir ni una diezmilésima parte de la superficie terrestre, el salar tiene el cuarenta por ciento de la reserva mundial de ese elemento.
¿Podrá Uyuni parapetar la economía de Bolivia y sus aledaños a niveles insospechados? Huelga decir que el litio es un material de primera necesidad para objetos tan comunes como son las baterías de los teléfonos móviles, dado que es el metal más liviano que existe.

Ignorando aún el alcance de este hecho, dejémonos llevar una vez más por la paz que provoca esta tierra inerte. Olvidémonos del frenesí del mundo. Contemplemos como se pone el Sol un día más tras este níveo océano, tan salado y con tan poca agua.


···
Gracias por leer

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El mundo perdido

26 de enero de 2010 Deja un comentario

Los tepuys son unas mesetas diminutas, relativamente, claro está, que salpican la sabana venezolana. Su numero se estima en torno a ciento cincuenta. Hay varias cosas que llaman la atención sobre estas estructuras.

Primeramente, que son muy antiguas. De hecho las rocas que constituyen los tepuys datan de nada menos que hace tres mil ochocientos millones de años. Estaríamos hablando de las formaciones rocosas más antiguas del planeta.
Para continuar, el misticismo que provoca verlos, cubiertos por una densa bruma la mayor parte del tiempo. Si los comparásemos con las gigantescas montañas del Himalaya, quedarían en pañales, pero dado que se elevan en un terreno muy llano, son espectaculares.

Los nativos del lugar, cuentan todo tipo de leyendas sobre lo que puede hallarse en las cimas aplanadas de esas mesetas, alejadas de la influencia humana en la medida en que son tan inaccesibles. De hecho muchos creen todavía que pueden estar gobernadas por criaturas de leyenda, o incluso dinosaurios.

No obstante, algo de realidad tienen esas afirmaciones, y es el hecho de que la biodiversidad de la zona no conoce límites, y apenas se ve ensombrecida por unos pocos sitios en el mundo, como la vecina cuenca del río Amazonas. Recientemente se han descubierto varias especies de plantas carnívoras que permanecían en la sombra del conocimiento humano en la cima de esos tepuys.

Y es que la extrema verticalidad de las paredes rocosas que ascienden hasta la cima de la meseta, hace muy difícil que las especies animales y vegetales pasen de arriba a abajo y viceversa. Por tanto aparecen endemismos, especies que son únicas de esas inhóspitas alturas.
Otro de los logros de esa extrema verticalidad, es que es culpable de que aparezcan saltos de agua tan impresionantes como el que cae del Auyantepuy. El archifamoso Salto del Ángel.

La mayoría de estas mesetas se encuentran en la cuenca de otro de los grandes ríos de Sudamérica, el Orinoco.
En esta misma zona se encuentra el Parque Nacional de Canaima, famoso por sus simpáticos capibaras, los mayores roedores del mundo.

Cabe destacar, que este increíble escenario tropical y misterioso a partes iguales, fue utilizado como trasfondo en la novela ”El Mundo Perdido” de Arthur Conan Doyle.

Vistas las imágenes y habiéndonos empapado de información, no nos extraña. Los tepuys se lo merecen.

· · · Gracias por leer


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